dedicado a la evolución del alma

PRÁCTICAS ENERGÉTICAS Y ESPIRITUALES DE REGENERACIÓN CELULAR PARA EL REJUVENECIMIENTO Y LA LONGEVIDAD DEL CUERPO FÍSICO

PRÁCTICAS ENERGÉTICAS Y ESPIRITUALES

El rejuvenecimiento y la longevidad del cuerpo físico no sólo se consiguen cuidando la biología. También están relacionados con el cuidado de la mente, las emociones, la energía y la conexión permanente con el alma y el espíritu esencial que están detrás del ser humano de carne, de huesos y de sangre.

La esencia de los seres humanos, y de todos los demás seres que existen en todas partes, es espiritual y, por lo tanto, divina y cósmica. Al ser espiritual, esa esencia es también inmortal o, más correctamente aún, eterna. Es decir, no tiene principio ni tiene final. Por extraño que pueda parecerle a la mente, es así. No puede explicarse con sus parámetros, modelos y sistemas de percibir el mundo, material e inmaterial, sino con un punto de vista más amplio de la Existencia: la perspectiva del Espíritu, de quien todo nace de forma permanente. En una forma u otra, la Vida siempre existió, existe y existirá, cambiando, viajando, manifestándose, creciendo…, al igual que le sucede a nuestra esencia, que se encarna a través de distintos cuerpos, personalidades y experiencias de vida, para lograr cada vez más sabiduría, amor, luz, comprensión, compasión, paz y demás cualidades de elevada vibración energética, esas que, junto con otras muchas personas, yo llamo Cualidades del Amor Divino.

Si todo nace en el Espíritu y, atravesando distintos planos y dimensiones, acaba por hacerse materia y carne, la salud, el rejuvenecimiento y la longevidad de nuestro cuerpo, mente, emociones y energía, también tienen que ver con él de una forma muy directa y profunda. Desde tiempos muy antiguos, existieron Casas de Vida en distintos puntos del planeta Tierra, una de cuyas misiones y cometidos principales era, precisamente, entrenar a quienes en ellas se introducían en prácticas que les permitieran recuperar la salud, cuando esto era necesario y, sobre todo, mantener un estado físico, mental, emocional, energético y espiritual lo más perfecto posible, con la intención de conservar la juventud y alargar la vida de una forma considerable. Muchos de los maestros más avanzados de esas prácticas lograron incluso conservar el mismo cuerpo y la misma personalidad a lo largo de varias centurias antes de que su alma regresara al Reino del Espíritu. La esperanza de vida que actualmente hay en muchos países de la Tierra nos parece un buen logro y desde luego lo es, si bien podemos alargar esa vida muchísimo más y gozar de un óptimo estado de salud en todos y cada uno de nuestros centros: físico, mental, emocional, energético, espiritual y de relaciones, mientras permanecemos encarnados en la humanidad y la materia.

Lemuria, Atlántida, Egipto, India, Bretaña, Galia, Tibet…, son algunos de los lugares más conocidos en lo que a esas Casas de Vida se refiere, pero no los únicos. Grandes avatares como Jesús de Nazaret, sus padres: María y José, su abuela materna: Ana, sus esposas y consortes: María de Tyana, María de Betania, Mariam y Radha, algunos de sus hijos, además de otros muchos de sus parientes y seguidores, se iniciaron y formaron con detalle en esas Casas que, como no podría ser de otro modo, tenían la atención enfocada en la continua y constante conexión con el Espíritu: individual, colectivo, planetario, galáctico y cósmico, o lo que es lo mismo, con la Fuente Divina y Cósmica de la Existencia Universal y Central que es, a la vez, Madre y Padre, Luna y Sol, femenina/receptiva y masculina/activa.

Esas enseñanzas sobre la salud, el rejuvenecimiento y la longevidad, que también abarcaban los misterios de la concepción de luz, el nacimiento, la vida, la muerte del cuerpo físico y el renacimiento del alma a su estado de perfección original, están llegando de nuevo a nosotros, en esta nueva era en la que ya estamos inmersos y en la que, después de muchos siglos de olvido colectivo, estamos recuperando la memoria de lo que en verdad somos y de todo lo maravilloso y extraordinario que podemos hacer con ello, tal como el mismo Jesús tantas veces vaticinó: Cosas más grandes aún que yo haréis, sabiendo como sabía que todas las almas encarnadas en seres humanos de carne y de materia, son capaces de desarrollar y manifestar, con trabajo, perseverancia, tiempo y dedicación, lo más elevado de su naturaleza divina y cósmica. Una naturaleza que está inscrita de forma indeleble en nuestro código genético pero que, sin consciencia y participación activa por nuestra parte, a lo largo y ancho de cada una de nuestras experiencias de vida sólo se mostrará, si lo hace, de forma débil y esporádica. La maestría, en todos y cada uno de sus aspectos, no es flor de un día sino el resultado de una evolución, transformación y transmutación constantes, tanto para pulir las facetas más obtusas de nuestro yo terrestre, como para abrillantar cada vez con más intensidad el oro esencial del que estamos hechos, ese oro que los alquimistas de todos los tiempos buscaron y seguimos buscando, mucho más valioso que el oro físico que, no obstante, nos sirve de recuerdo y de ejemplo de que el otro también existe, de hecho es el primero que existe, despertando igualmente nuestra memoria sobre la forma de reconectar con él y recuperarlo.

Las prácticas energéticas y espirituales destinadas a la regeneración celular, el rejuvenecimiento y la longevidad del cuerpo físico, que yo misma trabajo en mí y también enseño a las personas interesadas en rejuvenecer y mantener su cuerpo físico fuerte y sano a lo largo de los años, están basadas en el hecho de que el cuerpo, la mente, las emociones, el alma y el espíritu son inseparables y están profundamente relacionados entre sí, influyéndose mutuamente y contribuyendo cada uno de ellos al bienestar general. Gracias a esa unión e influencia, es posible alcanzar una sinergia y una unidad tales, que irán mucho más allá de la simple suma de cada una de las partes, si bien el desarrollo de todas ellas es necesario, importante e imprescindible. El trabajo con los elementos, la geometría sagrada, la respiración consciente, la meditación, la atención plena, la pureza de pensamientos, emociones, palabras, actitudes y actos, la creatividad, la luz, el sonido, el color, los estados cerebrales expandidos, la nutrición, el cultivo de la fuerza de la vida, el ejercicio físico, la atención a los ciclos energéticos y el cultivo de la armonía, la paz, el amor y demás cualidades de vibración energética elevada, son algunas de las medicinas con las que podemos lograr los propósitos pretendidos de mantenernos jóvenes durante más tiempo y con una excelente calidad de vida, independientemente de nuestra edad cronológica. Una buena manera de comenzar, es hacer algo que yo misma hice hace ya mucho tiempo y que funciona cada día en mí. Se trata de olvidarnos de nuestra fecha de nacimiento y de liberar nuestra mente de la creencia de que el paso del tiempo significa enfermedad y decrepitud, alimentando en cambio la realidad de que somos seres eternos y de que tenemos en nuestras manos la salud, la juventud y la longevidad físicas. Luego, como es lógico, también aplico todas las prácticas que contribuyen a que esta creencia se mantenga y fortalezca en el tiempo.

Hay muchos métodos para lograr esos propósitos de conservar la salud, de rejuvenecer y de alargar la vida física, si bien todos ellos sincronizan en varios aspectos, como a lo largo de mis años de experiencia, investigación, enseñanza y práctica propia en estos cometidos me he ido encontrando. Muchos más me quedan aún por descubrir, experimentar, integrar y enseñar, y confío en que a vosotros os suceda lo mismo. Que así sea para quien así lo quiera y lo pretenda, y para el resto también.