MATRIARCADO, PATRIARCADO Y ANDROGINADO

AVALON PSCOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

Escuela para la Evolución del Alma

 

                                                 Hace muchos siglos, al principio de la historia del ser humano en el planeta Tierra, existió una sociedad que amaba y respetaba a la Diosa, a las mujeres y a la naturaleza como creadoras, dadoras y alimentadoras de la vida. En aquellos tiempos, mucho más ecuánimes y sabios de lo que actualmente pueda parecer a la engreída mente humana del siglo XXI, las mujeres y los hombres vivían y trabajaban en igualdad de condiciones y, por razones obvias, todas y todos entendían perfectamente que, puesto que las semillas de vida han de ser depositadas y gestadas en un útero, sea éste cósmico, terrestre, humano o animal, era (y sigue siendo) a través de la energía femenina como esas semillas, convertidas ya en seres concretos: estrellas, galaxias, animales, vegetales, minerales, seres humanos…, eran (y son) paridos a la Vida para realizar en ella su particular y único cometido.

                                                          En aquellas ancestrales comunidades humanas, las mujeres eran soberanas de su vida y, quienes tenían además por tarea liderar a su grupo de pertenencia, la madre no sólo era la principal portadora del linaje común, sino también su transmisora. Así las cosas, las hijas eran las herederas directas de ese linaje y tenían preferencia ante los hijos. Muchos siglos después, aquellas remotas sociedades recibieron el nombre de matriarcales. De acuerdo con múltiples hallazgos arqueológicos, destacando entre todos los realizados por Marija Gimbutas, no hubo luchas ni guerras mientras la Diosa y las mujeres fueron honradas y respetadas.

 

 

                                                                  Posteriormente, a medida que el culto a la Diosa fue decayendo y siendo sustituido por el culto a un dios único que, además era luchador y guerrero, las mujeres también comenzaron a ver disminuida su soberanía y sus derechos, en algunos lugares del planeta de forma extrema, en muchos de los cuales aún sigue sucediendo, como bien sabemos tod@s. Ese cambio de tendencia dio origen al patriarcado, por el que todavía caminamos y, si bien siempre hubo mujeres que, a pesar de todo, supieron conservar y defender sus derechos y su poder, también hubo (y hay) un número muy elevado de ellas a quienes les sucedió (les sucede) lo contrario.

                                                                  En este cambio de época en el que ahora nos encontramos, ambos caminos: matriarcado y patriarcado, ya cumplieron su función y, por lo tanto, han de ser trascendidos y traspasados, con el fin de construir una sociedad más justa y equilibrada para tod@s, mujeres y hombres, basada en el respeto mutuo y el compañerismo, y centrada en la construcción de una alternativa que tome lo mejor de cada parte, dando vida a un todo mayor que las integre a las dos y sea más que la simple suma de esas partes. Hace tiempo acuñé un término para esa unión armoniosa de los opuestos. Se trata del término androginado. En esencia, tod@s somos andróginos, es decir, llevamos las energías femenina y masculina en nuestra composición energética, hayamos encarnado como mujer o como hombre, así que en algún momento hemos de realizar esa tarea. Ese momento ya está aquí y hemos de aprovecharlo. Tomar consciencia de esta realidad y saber manifestarla externamente, es imprescindible tanto para el bien individual como para el colectivo.

                                                                 

María Sánchez-Villacañas de Toro

AVALON PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

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