LAS DIOSAS DE LA MUJER MADURA

ARQUETIPOS PSICOLÓGICOS FEMENINOS A PARTIR DE LOS CUARENTA

AVALON PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

Escuela para la Evolución del Alma

 

LAS DIOSAS DE LA MUJER MADURA

 

                                                                  La vida no acaba a los treinta ni a los cuarenta. Felizmente para todas nosotras, y también para quienes nos rodean, hay vida, y mucha, más allá de estas cifras que, además, si nos olvidamos de la fecha de nacimiento y nos centramos en todo lo que mientras estemos vivas podremos hacer, desarrollar, aprender, proyectar, compartir, enseñar, evolucionar, transmutar, sanar, conocernos, crear, disfrutar, bailar, cantar, viajar, leer, escribir, pintar, amar, ser amada…, nos daremos cuenta de que, cuantos más años cronológicos cumplimos y vivimos, más jóvenes nos hacemos y, como consecuencia, más oportunidades y puertas se abren en nuestro camino, muchas de ellas nunca antes imaginadas ni siquiera soñadas.

                                                                  Las Diosas de la Mujer Madura son arquetipos y modelos femeninos con los que podemos trabajar quienes, como yo misma, ya hemos llegado a la quinta, sexta o séptima década de nuestra vida, esas en las que, gracias a que el cuidado de nuestr@s hij@s, si somos madres, ya no ocupa nuestro tiempo ni nuestra energía, y a que la consecuente entrada en la menstruación tántrica, como a mí me gusta llamar a la menopausia, también nos permite estar libres de la probabilidad de concebir, entramos en lo que yo considero la mejor época de nuestra vida, la más fértil, creativa, próspera y feliz, siempre y cuando así nos lo propongamos, poniéndonos después manos a la obra para conseguirlo y, una vez conseguido, disfrutarlo y compartirlo con quienes nos rodean.  Desde luego que estas diosas, sus cualidades, atributos y energía, no sólo están disponibles para las mujeres a partir de los cincuenta años, a cualquier edad pueden tenerse en cuenta, trabajarse y encarnarse en la vida cotidiana, aunque es a partir de esas edades cuando más especialmente podemos comprenderlas y, sobre todo, estar más abiertas y dispuestas a desarrollar y compartir sus talentos y dones con el mundo que nos rodea.

                                                                  Equivocadamente, a diferencia de los tiempos originales, en los que la vejez y su sabiduría eran altamente valoradas, reconocidas, honradas y respetadas, muy especialmente en las mujeres, a quienes toda la comunidad consultaba, hay actualmente una inclinación muy pronunciada a ensalzar la juventud y, como consecuencia, a mantenerla a toda costa, a veces incluso con graves riesgos y perjuicios para la salud y la propia vida. Todas las edades son importantes y dignas de respeto, sin lugar a dudas, puesto que en todas ellas aprendemos y experimentamos la vida, nos hacemos más lúcidas, amorosas, pacíficas, armoniosas…, por eso pienso y siento que hemos de aceptarlas y valorarlas todas, a la vez que tratamos de adaptarnos a los cambios que a través de ellas se producen y, lo que es seguramente aún más importante, podemos utilizar el paso del tiempo a nuestro favor y crear, gracias a ello, una vida nueva y espléndida cada día, cada semana, cada mes, cada año y cada década de nuestra vida, poniendo la intención, la atención, la consciencia, las emociones, las actitudes y los actos en que así sea, sean cuales sean los obstáculos que puedan aparecer en el camino y que, si en verdad aparecen, no serán sino nuevas oportunidades para continuar avanzando, evolucionando, creciendo, madurando, abriendo nuestro corazón, expandiendo nuestra consciencia, sanándonos, elevando la frecuencia vibratoria de nuestra energía de manera cada vez más profunda y nueva.

                                                                  A mi entender, negar o enmascarar el paso del tiempo, no es sino una manera de negar la muerte del cuerpo físico que, en un momento u otro del tiempo, a tod@s nosotr@s, mujeres y hombres, nos sucederá. Sí, nos guste o no, lo queramos o no, en algún momento de nuestra actual experiencia de vida, habremos de dejar el vestido de carne, de huesos, de sangre y de piel con el que nuestra alma está vestida en esta ocasión. En algún momento tendremos que salir del templo material en el que nuestra alma y nuestro espíritu se albergan mientras vivimos aquí, en la experiencia humana y terrestre, cada vez que decidimos encarnarnos en este plano de la Existencia.    

                                                                  Cuando la vida y la muerte eran vistas y entendidas como lo que en realidad son: momentos de paso de las almas de una dimensión a otra, de un estado a otro, comienzo y fin a la vez, ambas eran aceptadas y asumidas como una parte natural del ciclo de la vida, que no sólo se centraba, ni se centra, en los seres humanos sino en todo cuanto existe en este planeta Tierra: animales, plantas, minerales, estaciones, mares, océanos, además de en todo el sistema solar en el que Tierra orbita, toda la galaxia Vía Láctea y demás planetas, sistemas solares y galaxias que viajan cíclica y permanentemente por el cosmos infinito, por el multiverso.  Ese punto de vista cósmico y espiritual de mí misma, de todo cuanto me rodea y de la Vida en su conjunto, que es con el que vivo desde hace ya mucho tiempo, me ayuda a comprender que si bien la materia, lo físico y corporal, ha de tener un fin en el tiempo y en el espacio, el alma y el espíritu: la esencia que tod@s somos y que todo es prevalecerá, puesto que es eterna. Así las cosas, celebro con alegría, bueno en realidad con muchísima alegría, el cumplir años y décadas, a la vez que hago todo lo posible para mantener mi cuerpo, mi mente, mis emociones, mi energía y mi espíritu muy jóvenes, independientemente de lo que digan mi documento de identidad y el calendario. Para lograrlo, uno de mis apoyos, seguramente el más potente e importante, es la energía de la Diosa: niña, doncella, mujer madura y anciana sabia, que cada día me ocupo y encargo de encarnar, expresar y materializar, tanto para mi propio beneficio y mi bien más elevado, todas ellas así lo quieren, como para el más elevado bien y provecho de quienes me rodean y de la Vida en todas partes.

                                                                  Los medios de comunicación, que en realidad lo son más de manipulación, por mucho que digan estar a favor de la libertad y la equidad, promueven un modelo de mujer que no sólo niega los atributos femeninos o pretende que sean los hombres quienes opinen sobre cómo debemos ser las mujeres, sino que también dan la espalda, muy sutilmente, a quienes no encajan en ese modelo y que, paradójicamente, somos la inmensa mayoría de las féminas, por no decir prácticamente todas. Tod@s conocemos la cantidad de problemas físicos, psicológicos y de autoestima, por citar sólo algunos, a los que esto da lugar cada año. Como psicóloga clínica que soy, sé que esos patrones patriarcales sobre las mujeres no influyen ni afectan a todas. También sé que la base psicológica y mental de cada mujer, tiene un peso muy importante en no dejarse engañar ni embaucar por lo que sólo es un medio de aumentar los ingresos de un@s pocos a costa de unas muchas, aunque igualmente reconozco que la presión externa es tan fuerte, subliminal y continua, que a muchas mujeres, sobre todo a las más jóvenes, les resulta muy difícil no dejarse condicionar y quedarse al margen de esas exigencias. Cuidar el cuerpo es necesario para la propia salud, desde luego que sí, pero someterlo a continuas dietas para perder peso o a un ejercicio físico exagerado para que tenga una silueta determinada, ya no lo es tanto.

                                                                  Para ayudarnos a todas en nuestro proceso de crecimiento, evolución y maduración, fuera de los obsoletos patrones del patriarcado, fuera de lo que los hombres quieran o esperen de nosotras y dentro de lo que cada una elija para sí misma, están las Diosas: niñas, doncellas, maduras y ancianas, todas ellas amorosas y sabias, aunque también potentes guerreras y luchadoras cuando hace falta. En el apartado siguiente mencionaré cuáles son esas diosas especialmente potentes para las mujeres maduras, esas que ya han entrado en los cincuenta, los sesenta o más años. En posteriores escritos, hablaré de cada una de ellas por separado.

 

LAS DIOSAS DE LA MUJER MADURA

 

                                                                  Las Diosas de la Mujer Madura y sus principales atributos son éstas:

 

  1. Metis: Diosa Madura de la Sabiduría Práctica e Intelectual
  2. Sofía: Diosa Madura de la Sabiduría Mística y Espiritual
  3. Hécate: Diosa Madura de la Sabiduría Psíquica e Intuitiva
  4. Hestia: Diosa Madura de la Sabiduría Meditativa
  5. Sekmet: Diosa Madura de la Ira Transformadora
  6. Kali-Ma: Diosa Madura de la Destrucción
  7. Baubo: Diosa Madura de la Risa Curativa
  8. Uzume: Diosa Madura de la Alegría y la Danza
  9. Kuan-Yin: Diosa Madura de la Compasión
  10. Madre María : Diosa Madura del Amor y el Silencio
  11. Dama de la Libertad: Diosa Madura del Libre Albedrío y la Voluntad Superior

 

                                                                  Namasté.

 

 

 

María Sánchez-Villacañas de Toro

 

Psicóloga clínica, energética y espiritual

Astróloga. Cabalista. Formadora. Escritora

Sanadora Espiritual por Arquetipos

Lectora de Registros Akáshicos

Lectora y creadora de Oráculos

Sacerdotisa de la Diosa y de Avalon

Diseñadora de Mandalas personalizados

Guía de viajes sagrados y conscientes

 

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 © Texto e imagen: María Sánchez-Villacañas de Toro (13-II-18). Todos los derechos reservados