dedicado a la evolución del alma

EL MANDALA DE TU ALMA Y DE TU GUÍA PERSONAL - MANDALAS PERSONALIZADOS

EL MANDALA DE TU ALMA

Un mandala es un símbolo de totalidad que, a través de las líneas, las formas y los colores que lo componen, conecta nuestra personalidad terrestre con nuestra esencia espiritual, convirtiéndose por ello en un delicadísimo y magnífico instrumento para llegar a las profundidades de nuestra alma y, una vez allí, encontrar en ella cuantos tesoros se han mantenido ocultos hasta el momento presente, proporcionándonos de paso un conocimiento cada vez más amplio sobre lo que en realidad somos, permitiéndonos al mismo tiempo transformarnos, sanarnos y modificar, en lo que sea necesario, nuestra personalidad, nuestra vida y nuestras relaciones con cuanto nos rodea. De modo que, dibujando y pintando mandalas establecemos una conexión profunda y estrecha con la dimensión mística de la Existencia, tanto individual como colectiva.

Partiendo de un punto central, y abriéndose a partir de él hacia el exterior hasta formar el dibujo completo, el mandala nos lleva de viaje desde el interior hasta el exterior de nuestro ser y de nuevo de vuelta a ese interior cuando, una vez lo hemos realizado y pintado por completo, lo observamos con detenimiento, concentración y actitud meditativa, escuchando lo que nos dice sobre nosotros mismos, nuestras posibilidades, nuestros talentos e incluso nuestras heridas, esas que aún están sin curar completamente y que, gracias al mandala, podemos hacer conscientes y sanar.

Ese viaje desde el interior hacia el exterior y del exterior hacia el interior de nuevo, es también un trayecto entre el inconsciente y la consciencia, imprescindible para el autoconocimiento, la transformación, la evolución, la sanación y la individuación. Mientras no hacemos consciente el inconsciente, éste lleva la dirección de nuestra vida y a todo cuanto a lo largo de ella nos sucede le llamamos destino creyendo, equivocadamente, que nada podemos hacer para remediarlo o modificarlo. En cambio, a medida que vamos siendo conscientes de lo que había permanecido oculto en el baúl de nuestra inconsciencia, lo aceptamos como propio y lo iluminamos con la luz de la consciencia, no sólo iniciamos el camino de la individuación, es decir, de convertirnos en el ser único e individual que en esencia somos, sino que también comenzamos a tomar las riendas de nuestra vida, a hacernos responsables de ella y a ejercer nuestra voluntad y libertad de crearla y construirla de acuerdo con las tareas, propósitos y cometidos que nuestra alma eligió llevar a cabo en la encarnación presente, en la actual experiencia de vida aquí, en el plano de la densidad, la humanidad y la materia. Ese poder interior siempre ha estado y está con nosotros, pero sólo se hace activo y se manifiesta cuando nos hacemos cargo de él y lo expresamos en el mundo, pasando de la sensación de que nada podemos hacer a la de que en nuestras manos está lograr la vida que queremos vivir y disfrutar.

Los mandalas, además de ser representaciones simbólicas de nuestro mundo interior en relación con el exterior y viceversa, son también representaciones del Cosmos en su conjunto del que nosotros, los seres humanos, somos un microcosmos. Como consecuencia, explorándonos, conociéndonos y construyéndonos a nosotros mismos, también estamos explorando, conociendo y construyendo el Macrocosmos, devolviéndole así, en la medida de nuestras posibilidades, una parte de la energía y de la consciencia de las que nos imbuyó cuando nos creó. Así como partiendo de un punto central podemos llegar a la construcción de nuestro mandala, que es una totalidad única y diferente cada vez, conectando de este modo con la propia totalidad y la de la Vida en su conjunto, también podemos darnos cuenta de cómo, punto a punto, línea a línea, color a color, no sólo creamos y construimos nuestra propia vida sino que también contribuimos a la creación y construcción de cuanto nos rodea y, por la misma ley de correspondencia, del Multiverso al completo. Somos seres multidimensionales compuestos de múltiples y variadas energías por lo que dibujar, pintar y contemplar mandalas en estado meditativo, es una hermosa forma de tomar consciencia de ello, de activarlo en nuestro interior y de manifestarlo en el exterior. Jung, que tanto se interesó por conocer y explorar el inconsciente en lo que éste tiene de tesoros ocultos y no sólo de energías de dolor, tanto en sí mismo como en sus clientes, pudo comprobar cómo, a través de los mandalas, muchos de ellos no sólo lograron sanar sus conflictos y superarlos, sino que también encontraron un talento artístico que, hasta el momento anterior a comenzar su tratamiento psicoterapéutico, había permanecido oculto y desconocido.

Si bien los orígenes del mandala se encuentran en la espiritualidad de Oriente, especialmente en el budismo y el hinduismo, poco a poco, estos espléndidos símbolos de la creación se han extendido a otros ámbitos, convirtiéndose así en unos extraordinarios instrumentos y medios para favorecer la concentración, la relajación y los estados meditativos, además del desarrollo de la creatividad, sumándose así estas posibilidades a las ya comentadas funciones místicas y de conexión con las dimensiones espirituales de la existencia, favorecedoras de la evolución psíquica, mental, emocional y espiritual, así como del desarrollo personal que ésta lleva consigo y proporciona.

Mi experiencia con los mandalas se remonta a hace unos años, no recuerdo exactamente cuántos, cuando comencé a colorear plantillas que los contenían. Hacerlo me hacía disfrutar mucho, ya que colorear me gusta desde que era niña. Los distintos colores que empleaba y las formas que tenían esos mandalas también eran muy significativos para mí, además de que, mientras coloreaba de forma concentrada y disfrutando de la combinación de los colores, lograba permanecer completamente atenta a la tarea, fluyendo con ella, sin importar lo que antes hubiera hecho ni lo que tendría que realizar después. A veces, mientras ponía color a esas plantillas, pensaba cómo me gustaría crear mis propios mandalas y no sólo pintar los que habían sido hechos por otras personas. Hace unos meses, en este año de nuevos comienzos que 2017 es, di ese paso hacia delante y comencé a hacerlo, dándome cuenta de la facilidad con la que las formas surgen de mi mano con sólo entregarme a la energía del mandala que, en cada ocasión, ha de manifestarse y quedar plasmada en el papel.

El color y la forma están presentes en todo cuanto nos rodea, ya que hay unos patrones energéticos originales de los que, posteriormente, surge la forma que podemos percibir con los órganos de los sentidos físicos. Esos patrones energéticos también se manifiestan en los mandalas que se convierten entonces, incluso aunque esa no sea la intención consciente de quien los dibuja, en Geometría Sagrada, que igualmente se encuentra presente en el diseño de las plantas, los animales y el propio ser humano. Todas las tradiciones espirituales, de oriente y de occidente, tienen sus propios símbolos y patrones energéticos de base para el crecimiento y la evolución que, precisamente, se expresan a través de determinados colores y formas, los cuales nos permiten conectar con y activar en nosotrps la energía, las cualidades, las posibilidades… que están detrás de esos modelos originales y de la tradición de que se trate. Por ejemplo, la Cábala cuenta con el Árbol de la Vida, un mandala en el que diez esferas se relacionan entre sí a través de veintidós senderos. El mandala de la Astrología relaciona doce signos, doce casas, varios planetas y otros puntos celestes. Hay muchos más, pero no es éste el momento ni el lugar para hablar de ellos. Cada vez que trabajamos con una esfera o un sendero del Árbol de la Cábala, con un signo o un planeta astrológico, estamos activando una forma y un color que, a su vez, están relacionados con una chacra, con una energía angélica, con unas características y cualidades, con un órgano o parte corporal, con un aspecto de la vida cotidiana y muchas otras asociaciones más. Así que, creando y coloreando mandalas, estamos haciendo mucho más que dibujar.

Dado que una de las funciones de los mandalas es poner en contacto el interior con el exterior, lo inconsciente con la consciencia y el espíritu con la personalidad terrestre, otra aplicación de esta forma de arte es dibujar y colorear el mandala del alma de cada persona, así como también de su guía personal. Este trabajo lo realizo en estado de meditación, con la persona presente y con nuestro Registro Akáshico abierto. De este modo puedo conectar de un modo profundo con la energía esencial de la persona y representar, en el papel, su patrón energético dotado tanto de forma como de color. A través de ese mandala personal, que podrá utilizar como puerta de entrada a su mundo interior y como instrumento de conexión con lo que allí existe, la persona podrá conocerse más profundamente a medida que lo utiliza y, gracias a ello, también podrá modificar, sanar, restaurar, equilibrar… lo que sea necesario, tanto de sí misma como de su vida y de sus relaciones. También puede usar ese mandala como un foco de contemplación, concentración, meditación e inspiración. Cuando se trata del mandala correspondiente a la energía que actualmente guía a la persona, la información que se recibe está relacionada con aquellos aspectos o situaciones que han de ser modificados, resueltos, liberados o sanados. En ocasiones, el mandala canalizado va acompañado de un mantra, una afirmación, una palabra o un nombre específicamente significativo para la/el interesado, proporcionando importantes claves que, puestas después en marcha y acompañadas de las correspondientes nuevas acciones, facilitarán la consecución de sus objetivos y un estado de mayores vibración energética y consciencia.

Si este escrito resuena contigo en alguna medida y quieres conocer cuál es el mandala de tu alma y/o de tu guía personal del momento presente, abajo encontrarás mis datos de contacto para saber cómo conseguirlo y comenzar a modificar tu vida con su energía que es, en definitiva, la tuya propia.