dedicado a la evolución del alma

SAMHAIN - LA FIESTA DE L@S ANCESTR@S

La rueda del año, la rueda de las festividades estacionales

La Rueda del Año o la Rueda de las Estaciones, suele llamarse de ambas formas, está dividida, según las tradiciones naturales y mágicas de Occidente, en ocho festividades, todas ellas relacionadas con el flujo natural de las estaciones y los movimientos y cambios de los astros que, como la Astrología nos muestra, tienen una importante influencia en la vida del planeta Tierra y, por lo tanto, también en los seres humanos, como desde antiguo los sabios de todos los tiempos y lugares han sabido.

Estas celebraciones suelen presentarse como ocho divisiones de la rueda anual, como ocho radios, cada uno de ellos relacionado con un momento particular y distinto de ese círculo completo que conforma cada año. En realidad, el año, como la vida misma, ni empieza ni acaba, puesto que siempre está moviéndose y fluyendo. Precisamente los términos “rueda”, “ciclo” y “círculo” están relacionados con esa ausencia de principio y de final de la vida en su conjunto, si bien, debido a que no permanece estática e inamovible, sino que continuamente está cambiando y evolucionando, sí suceden en ella distintos acontecimientos en diferentes épocas y momentos, esos que se celebran durante las ocho festividades en que la tradición occidental dividió desde muy antiguo el ciclo anual completo.

Samhain – La fiesta de los ancestros

La Rueda del Año o la Rueda de las Estaciones, suele llamarse de ambas formas, está dividida, según las tradiciones naturales y mágicas de Occidente, en ocho festividades, todas ellas relacionadas con el flujo natural de las estaciones y los movimientos y cambios de los astros que, como la Astrología nos muestra, tienen una importante influencia en la vida del planeta Tierra y, por lo tanto, también en los seres humanos, como desde antiguo los sabios de todos los tiempos y lugares han sabido.

Estas celebraciones suelen presentarse como ocho divisiones de la rueda anual, como ocho radios, cada uno de ellos relacionado con un momento particular y distinto de ese círculo completo que conforma cada año. En realidad, el año, como la vida misma, ni empieza ni acaba, puesto que siempre está moviéndose y fluyendo. Precisamente los términos “rueda”, “ciclo” y “círculo” están relacionados con esa ausencia de principio y de final de la vida en su conjunto, si bien, debido a que no permanece estática e inamovible, sino que continuamente está cambiando y evolucionando, sí suceden en ella distintos acontecimientos en diferentes épocas y momentos, esos que se celebran durante las ocho festividades en que la tradición occidental dividió desde muy antiguo el ciclo anual completo.

No obstante esa característica de la vida que no tiene principio ni fin, cada tradición cultural, no sólo en Occidente, ha determinado uno o dos días para llamarlos Año Nuevo. Con el paso de los siglos y a través de las transformaciones que se han ido haciendo en las festividades que nuestros ancestros celebraban, especialmente por influencia de la religión católica y el calendario gregoriano, algunas de las fechas carecen de sentido si tenemos en cuenta los momentos y movimientos de las estaciones y los astros, aunque algunas se han conservado, como por ejemplo la salida de la Luna Nueva, de la Luna Llena, los solsticios y los equinoccios. Considero que estos momentos de la rueda del año son tan importantes y evidentes astronómicamente hablando, que la ciencia y la religión no han podido eliminarlas, como sí hicieron con otras muchas. Felizmente, la naturaleza y el contacto con ella está renovando su fuerza y cada vez hay más personas interesadas en recuperar no sólo esas antiguas tradiciones sino, sobre todo, vivir de acuerdo con ellas, porque hacerlo supondrá aceptar nuestra estrecha e irrompible relación con lo natural, que está tan vivo en nosotros como lo está en una montaña, un río, una flor, un animal e incluso la lluvia, las tormentas y los rayos.

Las ocho festividades son una mezcla de acontecimientos solares, como los solsticios y los equinoccios, y las festividades del fuego de las culturas celta y nórdica. Las cuatro festividades solares tienen lugar en un día determinado, que precisamente marca el acontecimiento astronómico que les da existencia y nombre. Así tenemos que Yule es el día más corto del año o solsticio de invierno, generalmente el 20 o 21 de diciembre; Litha, el día más largo del año o solsticio de verano, el 21 o 22 de junio; Eostre, el equinoccio vernal (de primavera), alrededor del 21 de marzo, y Mabon, el equinoccio de otoño, alrededor del 21 de septiembre, intercalándose entre las festividades del fuego, llamadas así por la costumbre de encender hogueras en esas fechas, que son: Imbolc o “leche de oveja”, a comienzos de febrero; Beltane o día de mayo, a primeros de dicho mes; Lammas o Lughmasadh, a principios de agosto con la cosecha de granos y Shamhain, la fiesta de los ancestros, a finales de octubre.

Colocándolas en la Rueda de las Estaciones según tienen lugar en ella, quedarían de la siguiente forma:

Samhain: 31 de octubre/1 de noviembre. Va la primera porque para los celtas era el final del verano y por lo tanto de un año, así como el principio del invierno y por lo tanto de otra anualidad. De aquí también su relación con quienes habían dejado la vida terrestre a lo largo de ese año y con los ancestros que la habían ido dejando a lo largo de los anteriores.

  • Yule: 21-22 de diciembre, aproximadamente, por la precesión de los equinoccios.
  • Imbolc: 2 de febrero.
  • Ostara: 21 de marzo, aproximadamente, por la precesión de los equinoccios.
  • Beltane: 1 de mayo.
  • Litha: 21-22 de junio, aproximadamente, por la precesión de los equinoccios.
  • Lammas/Lughnasa: 2 de agosto.
  • Mabon: 21 de septiembre, aproximadamente, por la precesión de los equinoccios.

Hay un lugar en el que cada una de estas fechas puede celebrarse de una manera especial e idónea. Se trata de Avalon, la Isla de las Hadas y la Tierra Promisoria de los celtas, así como también el hogar de Merlín, Viviana y Morgana, Arturo y Ginebra, los caballeros de la Tabla Redonda, Camelot, Excalibur, el Santo Grial, las gentes del Neolítico… Frecuentemente, viajo con grupos a esas tierras para celebrar estas festividades, además de para realizar otros muchos trabajos espirituales y energéticos para los que Avalon ofrece un enclave especialmente potente y sagrado.

Centrémonos ahora un poco más detenidamente en Shamhain, la Fiesta de los Ancestros, con la que nos encontraremos en las próximas horas.

SHAMHAIN: LA FIESTA DE LOS ANCESTROS: 31 DE OCTUBRE / 1 DE NOVIEMBRE

Shamhain, con frecuencia llamada el Año Nuevo Celta, marca la aparición de las primeras heladas y el paso hacia los oscuros y fríos días del invierno. Etimológicamente, significa: final del verano. En este período, las antiguas tradiciones occidentales recordaban y honraban, a las personas que habían dejado la vida terrestre durante todo el año que en ese momento acababa, recordando y homenajeando también a los ancestros, para agradecerles la guía y la asistencia para la vida cotidiana que continuamente les brindaban desde el otro lado. Esta costumbre sigue practicándose, aunque en general, la orientación que se le da, sobre todo en ámbitos religiosos, es bastante diferente a la que fue en sus orígenes, ya que lo habitual es recordar a quienes ya no están en el plano terrestre con pesar y lamentaciones, en vez de hacerlo con alegría y honrando la vida que vivieron, que es el verdadero significado que tiene esta festividad, en la que también se honra la continuidad de la vida aunque, para ello, ésta se deba transformar y dejar por consiguiente el estado en que antes se encontraba.

En Shamhain, el velo entre los vivos y los muertos, físicamente hablando, puesto que para el alma esta división no existe, es mucho más delgado que en otros momentos del año y, por ello, la comunicación con las almas que ya no están en el plano terrestre es mucho más sencilla y fluida. Asimismo, la comunicación con otras dimensiones es igualmente más accesible, por lo que es un momento idóneo para ese contacto con el Otro Lado que puede ayudarnos y asistirnos mientras permanecemos en la vida humana y terrestre. Por eso, nuestras experiencias astrales nocturnas, se vuelven más vívidas, claras y reveladoras, mostrándonos así la información precisa necesaria para resolver algún asunto de la vida cotidiana, iniciar un cambio pospuesto hasta ahora, emprender ese proyecto que lleva tanto tiempo guardado en un cajón y cualquier otra cosa que tengamos en mente y requiera un impulso para hacerse realidad.

Gracias al acortamiento de las horas de sol que comienza con el Equinoccio de Otoño y se extiende hasta el solsticio de invierno, momento en que el día y la luz comienzan a hacerse más largos, Shamhain es una excelente fecha para ir hacia nuestro interior más profundo y explorar ahí todas nuestras habilidades psíquicas, desconocidas aún o ya en desarrollo, así como también explorar la propia mortalidad, que algún día llegará, para nuestra parte humana. El alma esencial que en realidad somos, jamás muere, aunque sí lo hace la personalidad terrestre con la que nos vestimos y venimos a la vida terrestre en cada ocasión en la que decidimos encarnarnos en la materia. Por eso, Shamhain es una fecha del año excelente para aceptar nuestro final terrestre, en algún momento del tiempo, y revisar nuestras creencias sobre la muerte que, en cierto modo, es como revisar nuestras creencias sobre la vida, y proyectar incluso cómo nos gustaría que fuera ese momento, porque podemos crear cómo queremos marcharnos de aquí, al igual que creamos todas y cada una de las situaciones de nuestra vida.

Desde luego que reflexionar sobre el final de la vida humana, analizar nuestras ideas sobre ese final, ver si hay algún miedo relacionado con él y encontrar cualquier aspecto que influya en esa percepción y que la presente como algo doloroso o difícil, no significa que vaya a ocurrir inmediatamente. Se trata sólo de analizarlo para aceptarlo como una parte del ciclo de la vida que, aunque parezca que empieza, continua y termina, en verdad siempre está presente, moviéndose, cambiando, pasando de un estado a otro, sin principio ni final. Entender el final físico con esta perspectiva, ayuda a eliminar los temores que puedan estar relacionados con ese indiscutible hecho, por el que todos hemos de pasar, y por el que todos hemos pasado ya innumerables veces, aunque no tengamos recuerdos conscientes de ello. Tener esto en la mente y la consciencia, aceptando además la realidad de la reencarnación, también nos ayuda a aceptar la marcha de nuestros seres queridos: familiares, amigos íntimos y demás personas importantes que forman parte de nuestra vida y, al aceptarla, facilitamos esa marcha, una vez terminado su camino de vida aquí en esta ocasión, para que su alma pueda continuar evolucionando en otras dimensiones, en otros planos, en otras formas de manifestación.

Los poderes misteriosos que nos rodean en esta fase de la Rueda del Año, nos recuerdan también los misterios de la vida y de la muerte, que están mucho más unidas de lo que pensamos ya que, en realidad, ambas son distintas expresiones de un mismo aspecto, los dos polos de un mismo asunto: la vida misma. Dice un refrán español que nadie se muere antes ni después de que llegue su hora y es verdad, puesto que nada sucede en el Universo de manera azarosa ni casual. Bajo este punto de vista, que es el mío, la muerte es la mejor guardiana de la vida, la que más y mejor nos cuida hasta el momento mismo de nuestra partida, que será para cada uno de nosotros el instante preciso y adecuado en que esa partida deba ocurrir, de acuerdo con el plan de vida que tenemos para estar aquí en esta ocasión y de acuerdo con el número de días con los que contamos para llevarlo a cabo.

Muy posiblemente, y puesto que estamos dotados de libre albedrío, podamos modificar esos días, para menos o para más, siempre según los dictados de nuestra alma y de acuerdo con el mayor bien para todas las personas involucradas en nuestra existencia. Para mí, lo más importante de todo, es vivir con plenitud y alegría todos los días que permanezcamos en la existencia humana y terrestre, dedicándonos de lleno a ello y haciendo todo lo posible para continuar en ese estado, pase lo que pase fuera y estemos en las condiciones en que estemos, sabiendo en todo momento que, puesto que somos seres eternos, todo cuanto sucede en la Tierra es efímero y temporal. Cuando podemos sentir y asimilar esto de una manera profunda y segura, dejamos de ver el final de la vida con temor, y comenzamos a verlo con la alegría de saber que, en realidad, todo lo que termina no es sino el principio de algo diferente y nuevo.

Si lo pensamos detenidamente, cada día morimos infinidad de veces. Cada instante, cada momento del tiempo, cada vivencia… que pasa y se va es una especie de muerte, necesaria para que lleguen otras experiencias, otros momentos, otros instantes… También cada noche experimentamos en cierto modo la muerte, cuando nos acostamos y nos entregamos al sueño, dejamos el control consciente del cuerpo y nos adentramos en planos más sutiles de la existencia, viviendo en ellos experiencias que facilitan no sólo nuestro descanso sino también nuestra sanación, abriéndonos igualmente la puerta a la solución y superación de las oportunidades de la vida, a los cambios, a los nuevos ámbitos, a los nuevos proyectos, a los nuevos retos y aventuras…

Otro aspecto con el que Shamhain nos ayuda a conectar, es la relación que tenemos con todos los seres vivos, de todas las especies y evoluciones con las que compartimos este maravilloso planeta, el sistema solar, la galaxia y el cosmos al completo, puesto que toda la vida aquí se rige por unas condiciones similares de concepción, nacimiento, permanencia y muerte, aunque cada una de ellas lo haga, a la vez, con las propias condiciones de su existencia única y particular.

Mi recomendación para Shamhain 2017, entre el lunes 30 de octubre y el miércoles 1 de noviembre, es recordar con alegría y amor a todas las personas queridas que ya no estén de cuerpo presente en nuestra vida, que ya no tengan existencia material ante nuestros ojos, agradeciéndoles su presencia mientras convivimos con ellas y honrando su existencia entera, su camino, sus elecciones, fueran cuales fueras y aunque no estuvieran de acuerdo con las nuestras, porque no tenían que estarlo. Igualmente les agradeceremos su ayuda desde el otro lado, desde el Misterio de lo Invisible porque, tanto si lo creemos como si no, siempre nos acompañan e inspiran desde allí, especialmente en los momentos que sentimos como más dolorosos y difíciles de la vida, aunque igualmente lo hacen, desde luego, en los más felices y exitosos, para celebrar a nuestro lado esa felicidad. También sería bueno aprovechar esos tres días para enterrar y dejar marchar en paz todo aquello que, desde la misma fecha del año anterior, hayamos dejado atrás en nuestra vida, todo aquello que haya muerto para nosotros, ya sean actitudes, conductas, formas de pensar, ideas, proyectos, relaciones, trabajos…, preparándonos así para lo nuevo que vendrá y se materializará de ahí en adelante, hasta la próxima Fiesta de los Ancestros, hasta el próximo Shamhain.

Es posible que en estos días recibas alguna inspiración o guía de alguno de tus ancestros, o de alguna persona especialmente importante para ti y que ya no está en la dimensión terrena. Para recibirla si se produce, es necesario tener todos los canales receptivos bien abiertos y prestar atención a todo aquello que resuene de una manera especial en el interior, todo aquello que sincronice con el momento en que ahora nos encontramos y con lo que queremos hacer de ahora en adelante con nuestra persona y nuestra vida.

El mensaje o la señal pueden llegar de cualquier manera, porque así es como suceden las cosas en el Mundo Invisible, que está completamente fuera del control de la mente y de los deseos humanos y que se manifiesta de las maneras más insospechadas, inesperadas y mágicas. Abrirnos a esa magia que no esperamos ni provocamos, a esas señales que aparecerán en cualquier lugar y de la manera más inusual, es abrir la puerta a la inspiración que nos proporcionará la guía necesaria para continuar avanzando y evolucionando en este tramo de nuestro camino de vida.
Deseo que así suceda para todos, y deseo también que durante este Shamhain, los velos entro lo visible y lo invisible se hagan tan delgados que nos permitan ver que, lo que hay al otro lado, no es sino otra forma en la que nosotros mismos existimos, nos manifestamos y actuamos en la Vida Una.

Namasté.

¡GRACIAS ANCESTROS POR VUESTRO AMOR, VUESTRA GUÍA Y VUESTRA LUZ!

¡FELIZ SHAMHAIN 2017 PARA TODOS!

© María Sánchez-Villacañas de Toro (30-X-2017). Todos los derechos reservados