dedicado a la evolución del alma

MABON 2020 - EQUINOCCIO DE OTOÑO

 

AVALON PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

Escuela para la Evolución del Alma

                                                                               

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Viajes Sagrados y Conscientes

 

MABON 2020

EQUINOCCIO DE OTOÑO

 

LA SAGRADA RUEDA DEL AÑO DE LA DIOSA DE AVALON Y LAS NUEVE MORGENS

 

                                                                  La Sagrada Rueda del Año de la Diosa de Avalon y las Nueve Morgens, está dividida en ocho festividades solares, todas ellas relacionadas con el flujo natural de las estaciones y los acontecimientos astronómicos relacionados con ellas. Como es arriba, así es abajo. Como es abajo, así es arriba. Estas celebraciones, entre las que se intercalan trece lunaciones, suelen describirse como ocho rayos distribuidos en esa rueda anual, una imagen muy útil para recordarnos el continuo suceder de la vida, el ciclo sin principio ni final que ésta es, y que todas las figuras en forma de círculo nos recuerdan.

                                                                  Aunque celebremos cada doce meses la marcha de un año y la llegada del siguiente, en realidad, el año ni empieza ni acaba, como la energía, aunque diferentes tradiciones culturales han determinado uno o dos días para llamarlos Año Nuevo. Sin embargo, como el ciclo tiene en cuenta los ritmos de la naturaleza, más que las fechas del calendario gregoriano que utilizamos en occidente, los comienzos y los fines de cada año se consideran parte de las festividades, además de estar también vinculados entre sí.

                                                                  Esas festividades, los Ocho Días Sagrados de la Sagrada Rueda del Año de Nolava y las Morgens, son una mezcla de acontecimientos solares: solsticios y equinoccios, y festividades del fuego originarias de las culturas celta, británica y nórdica que, si nos vamos más hacia atrás en el tiempo, vemos que se remontan a épocas y pueblos aún más antiguos, como el egipcio, babilónico, mesopotámico, griego... Las cuatro festividades solares tienen lugar durante el día que marca el acontecimiento astronómico y astrológico de que se trate: Yule, el día más breve o solsticio de invierno, generalmente el 20 o 21 de diciembre; Litha, el día más largo o solsticio de verano: el 20 o 21 de junio; Oestre, el equinoccio vernal, el 20 o 21 de marzo y Mabon, el equinoccio de otoño, el 20 o 21 de septiembre. Y entre estas celebraciones solares, se intercalan otras cuatro festividades del fuego, así llamadas por la costumbre de encender hogueras en esas fechas. Todas ellas suceden a la mitad del equinoccio o solsticio que las precede y así tenemos que Imbolc se celebra a comienzos de febrero, cuando aparecen los primeros copos de nieve; Beltane tiene lugar el 1 de mayo, o cuando aparece la Flor de Mayo; Teltane, Lammas o Lughnasadh, llega a comienzos de agosto, con la cosecha de granos y Samhain, la fiesta de l@s ancestr@s, se festeja entre el último día octubre y el primero de noviembre que, para los pueblos celtas y britones de la antigüedad, era el día de Año Nuevo.

                                                                  En cada una de estas festividades de la sagrada rueda del año de Nolava y las nueve Morgens, podemos encontrarnos con una de las manifestaciones de la Diosa de Avalon y con una de las Morgens, puesto que ellas  también eran, y siguen siendo, honradas y celebradas en esas fechas, al igual que las distintas lunaciones que suceden a lo largo de la rueda anual, relacionada no sólo con el Sol, la luminaria diurna del sistema solar en el que Tierra orbita, sino también con la Luna, su luminaria nocturna.

 

MABON: EQUINOCCIO DE OTOÑO

 

                                                                  Mabon, el Equinoccio de Otoño, marca el momento del año en el que el equilibrio entre la luz y la oscuridad es perfecto, como sucede en Eostre, el equinoccio de primavera. En la festividad de Mabon, no obstante, ese equilibrio va inclinándose más hacia el lado de la oscuridad que hacia el de la luz, preparándonos así para la llegada del tiempo invernal y del recogimiento propio de él, motivo por el que, tras dejar atrás los cálidos, luminosos y soleados días del verano, debemos disponernos a decir adiós a esta alegre estación que, a veces, va acompañado de un cierto sentimiento de nostalgia y de tristeza.

                                                                  En la Rueda del Año, Mabon llega y se encuentra en el oeste, el punto cardinal de la puesta del sol y, para nuestr@s ancestr@s, la dirección que emprendían las almas después de la muerte del cuerpo material. Es el momento del año en el que vamos hacia la oscuridad, recordando los mitos planetarios que hablan de la fase de oscuridad y esterilidad que el invierno produce sobre la tierra. Es por eso una buena época para viajar y adentrarnos en la profunda oscuridad de nuestro ser y encontrar en ella nuestra sabiduría ancestral y primigenia, descubrir nuestra propia verdad, esa que se encuentra tras el velo de la personalidad, y recuperar de nuevo nuestros conocimientos arcanos. Ese adentramiento en la propia oscuridad es también necesario para dejar atrás la tristeza y la añoranza, así como para dejar el pasado donde debe estar: a nuestra espalda y no delante de nuestra cara.

                                                                  El otoño se caracteriza por un descenso gradual de la temperatura y de las horas de luz, características que sólo se aprecian en zonas de latitud media o alta. En las regiones ecuatoriales no puede hablarse de otoño, ya que por lo general sólo existen dos estaciones, una seca y otra húmeda, cada una con seis meses de duración, teniendo el día y la noche aproximadamente la misma extensión: doce horas a lo largo del año. En las regiones árticas y antárticas, el otoño es muy breve, al igual que ocurre con la primavera. En el hemisferio norte, el otoño dura 89 días y se corresponde con los meses de septiembre, octubre y noviembre.

                                                                  Si bien los equinoccios marcan el perfecto equilibrio entre la luz y la oscuridad, en el de otoño, como dije antes, el equilibrio se inclina hacia la segunda y por eso es una época habitualmente asociada con la tristeza, la depresión, el desánimo…, ya que su llegada nos recuerda que ha llegado el momento de dejar marchar la luz y el calor del verano, adentrándonos en un tiempo menos luminoso externamente pero, a la vez, imprescindible para continuar evolucionando y transformándonos por dentro, donde de manera permanente y siempre que centremos nuestra voluntad en ello, seguirá brillando la luz. Mabon llega por el oeste: punto cardinal por el que se pone el sol y, para nuestros ancestros, la dirección que tomaban las almas para continuar su viaje más allá de la vida física. A partir de este momento, los árboles empiezan a perder sus hojas, frutos y semillas, preparándose para la llegada del frío invierno, recordándonos con ello que debemos desprendernos de lo que ya no nos sirve, porque se ha secado y, por consiguiente, no cumple ya la función que cumplió hasta ahora, preparándonos así para lo nuevo que vendrá después, cuando la estación invernal llegue a su fin y renazca una vez más la primavera.

                                                                  En Mabon, el oeste de la sagrada rueda de Nolava y las Morgens, nos encontramos con Nolava de Tierra, siendo Moronoe la Morgen que corresponde a este lugar y festividad.  

                                                                  Hace muchos siglos, Moisés estableció el Día de Contrición. Se celebraba todos los años, y su propósito era facilitar la comprensión general de las leyes naturales y cósmicas, esas que todos los pueblos de la antigüedad tan profundamente conocían, seguían y respetaban. Comprender esas leyes, vivir en armonía con ellas y ser conscientes de la libertad y la responsabilidad que esto lleva consigo, es tanto un derecho como un deber que los seres humanos tenemos, primero en relación con nosotr@s mism@s y, por extensión, con nuestr@s congéneres y con la vida entera que nos rodea.

                                                                  Para ello, el día del equinoccio otoñal se llevaba a cabo una ceremonia, cuya finalidad era hacer que la gente fuera parte activa en el Orden Cósmico, y no una mera receptora y observadora de él. Parte central de esa ceremonia era reflexionar y meditar sobre todo lo que habían hecho, dicho, sentido, pensado…, durante los doce meses anteriores, desde el anterior equinoccio de otoño.  Habían de reconsiderar todos esos aspectos de su conducta durante los meses precedentes, determinando si habían estado o no de acuerdo con ese orden natural y cósmico que todavía hoy, miles de años después, sigue presidiendo la vida en todas partes, y lo seguirá haciendo cuando las gentes que ahora estamos en la Tierra ya nos hayamos ido de ella.

                                                                  Era una revisión interior, que buscaba hacer cada vez más manifiestos y profundos el equilibrio y la armonía, por dentro y por fuera, modificando lo que no estuviera en esa vibración equilibrada. Dado que el equinoccio de otoño es un momento de equilibrio entre la luz y la oscuridad, astrológicamente sincronizado y sintonizado con el signo de Libra, cuya representación exotérica es una Balanza, era, y es, un tiempo astralmente perfecto para llevar a cabo esa reflexión. De ella, completamente exenta de sentimientos de culpa, pero sí plena de sentimientos de responsabilidad, compromiso y sinceros deseos de mejorar, cada cual concluía en qué medida había estado en sintonía con las leyes naturales y cósmicas, en qué medida no lo había estado y en qué medida tendría que transformar sus acciones, pensamientos, emociones, actitudes, palabras…, para estar cada vez más cerca del equilibrio y la armonía que proporciona esa alineación con la vida completa y sus leyes. De este modo, y hasta la fecha del siguiente equinoccio de otoño, tenían la oportunidad de seguir transformándose para alcanzar esa meta, aun sabiendo que nunca la alcanzarían del todo y que siempre habría, hay, algo más que añadir, expandir y perfeccionar.

                                                                  MABON, NOLAVA DE TIERRA, y MORONOE, guiarán e iluminarán nuestro camino en esa importante y maravillosa tarea de estar lo más alinead@s posible con la vida terrestre, cósmica y divina, tanto el día mismo de su regreso anual, como durante todos y cada uno de los días que durará el otoño, inspirándonos y fortaleciéndonos con su infinito amor, sabiduría, alegría y paz, a la vez que depositan sobre nuestro corazón, alma, espíritu y cuerpo, todas sus bendiciones. Benditas sean también todas Ellas. Awen, Awen, Awen. Gracias, Gracias, Gracias.

                                                                 

MEDITACIÓN PARA DAR LA BIENVENIDA A MABON 2020

 

                                                                  Este año 2020, Mabon y su energía de armonía y equilibrio, junto con Nolava de Tierra y Moronoe, la manifestación de la Diosa de Avalon y la Morgen que sintonizan con esos códigos estacionales, llegarán al hemisferio norte el martes 22 de septiembre, a las 15:31 horas y a 00º 00’ de Libra. El horario corresponde a España peninsular, que tiene dos horas añadidas al tiempo universal coordinado.

                                                                  Esta meditación es para celebrar, dar la bienvenida y anclar el Equinoccio de Otoño 2020, tanto dentro como fuera de ti.

                                                                  Es también una práctica muy útil para sintonizar con la energía propia de la estación, absorber sus cualidades y posibilidades, aprovechar su fuerza y llenarnos de su poder, transformándonos y elevándonos internamente, mientras exploramos estos nuevos territorios que ahora nos ofrecen la Tierra y la Vida. Sería estupendo que pudieras dar la bienvenida a Mabon con un grupo de amig@s y familiares, y que aprovecharais ese día para hacer una comida en el campo, o en casa si no es posible salir.

                                                                  En los días previos al Equinoccio de Otoño, puedes preparar una lista de todo aquello que, relacionado con su energía particular, quieras que sea bendecido y activado en ese momento astronómico y astrológico, añadiendo igualmente las intenciones que te propones llevar a cabo a lo largo de toda la estación. Igualmente puedes realizar la práctica de la semilla de manzana, con el propósito de reactivar tus conocimientos antiguos, tanto de ésta como de otras vidas, así como también para fortalecer y mejorar la conexión con los poderes sutiles superiores, tanto dentro como fuera de ti. En este caso, necesitarás una manzana.

                                                                  Gracias a las semillas de la manzana, podrás viajar hacia el reino de la magia superior, la magia del Ser, y reactivar tu conocimiento arcano, ese que conservas en tu memoria interna, que te ha acompañado hasta esta vida y que te acompañará de ella en adelante, con la intención de impulsar y ampliar tanto tus aptitudes para la magia como, sobre todo, tu desarrollo espiritual.

                                                                  Dentro de la manzana se oculta un mensaje: si la cortas por la mitad verás que tiene la forma de una estrella de cinco puntas, símbolo de la humanidad y de los cinco elementos sagrados o energías de las que todo se compone: fuego, aire, agua, tierra y éter. La estrella de cinco puntas o pentagrama representa al ser humano completo, ese que ha logrado reconocer su composición elemental y que la manifiesta en la vida cotidiana.

                                                                  El mismo día del Equinoccio de Otoño, o dentro de las veinticuatro horas siguientes, trata de ir a una montaña, playa, río, bosque…, para estar en contacto con la naturaleza y dar allí la bienvenida a esta nueva estación. Si esto no es posible, porque vives en una gran ciudad y porque tus obligaciones diarias te impiden desplazarte, simplemente puedes ir a cualquier parque cercano a tu casa o lugar de trabajo en el que haya árboles, plantas y alguna fuente o estanque, para que así estén presentes los cuatro elementos de la Naturaleza: el aire, el fuego, el agua y la tierra. Si tampoco tuvieras acceso a esta segunda alternativa, puedes celebrar el Equinoccio de Otoño en tu casa, rodead@ de tus plantas, flores y visualizando un espacio natural, el que más te guste y mejor te haga sentir.

                                                                  Cuando te encuentres en el espacio elegido, si es en la naturaleza, antes de hacer la meditación saluda y pide permiso a los seres elementales del lugar: las salamandras, los gnomos, las ondinas y las sílfides, que son los encargados de construirlo y mantenerlo en buenas condiciones. Cuando sientas que todos estos seres te han respondido y concedido el permiso solicitado, dales las gracias y elige el lugar que te parezca más apropiado para realizar esta meditación.

                                                                  Construye un pequeño altar dentro del círculo con las siguientes cosas: un pañuelo, una manta pequeña o algo similar para extender en el suelo o sobre alguna roca, si las hay; cuatro velas de distintos colores; incienso, plumas, conchas marinas o un pequeño cuenco con agua, cristales, cantos de río o un cuenco con sal, flores y cualquier otra cosa que tengas a mano y que sientas relacionada con la energía del otoño. Las velas se colocan en forma de cruz y poniendo una en cada uno de los puntos cardinales. Distribuye el resto de los objetos como tu intuición te indique. Coloca también dentro del círculo tu lista de intenciones y la manzana.

                                                                  Siéntate después dentro del círculo y de cara al Este del altar. Haz varias respiraciones profundas y permanece después unos minutos atendiendo únicamente a la respiración, que se hará paulatinamente más pausada y rítmica.

                                                                  Conéctate a la Madre Tierra a través de la chacra de la planta de los pies, para sentir su fuerza, su nutrición y su calor.

                                                                  Conéctate al Cosmos y la Fuente a través de la chacra de la coronilla, para sentir su luz, armonía y protección.

                                                                  Saluda a todos los elementos naturales y a sus espíritus elementales, agradeciendo también su presencia. Igualmente puedes invitar y saludar a tus guías personales, a tu Ángel de la Guarda y a los Seres de Luz que siempre te acompañan. Por último, di tu nombre y declara tu intención de meditar, celebrar y anclar el Equinoccio de Otoño, dentro de ti y en todo el planeta Tierra.

                                                                  A continuación, céntrate plenamente en la belleza y el colorido del paisaje que te rodea, impregnándote de ellos todo lo posible, tratando de absorberlos con cada inspiración y sintiendo cómo van calando en todo tu ser, desde los pies hasta la cabeza y desde el cuerpo hasta la psique, el corazón y el espíritu, hasta que te encuentres tan profunda y plenamente unid@ al paisaje y a todo lo que lo forma, que seas un@ con él.

                                                                  Invoca ahora a Mabon como tu intuición te indique, y permanece a la espera de su llegada.  Saluda a la energía otoñal, dale la bienvenida, baila con ella y agradécele su regreso una vez más, tras la marcha del verano. Si quieres, puedes hablar con Mabon y pedir orientación, para estar así lo más alinead@ posible con sus códigos durante toda la estación en la que va a permanecer contigo y alrededor de ti. También puedes pedir que toque tu lista de propósitos e intenciones, y que te indique cómo lograrlos de una manera más amorosa, armoniosa, sencilla y clara. Igualmente, puedes pedir asistencia para profundizar en tus conocimientos arcanos y en tu capacidad para la magia superior, para la alquimia del Ser.

                                                                  Luego, decreta que la energía de Mabon 2020, estará dentro de ti, a tu alrededor y en todo el planeta Tierra durante toda su vigencia, hasta que llegue el momento de marcharse, para dar paso a Yule, el Solsticio de Invierno.

                                                                  Ahora, coge la manzana y contémplala atentamente, mientras repites varias veces y en voz alta esta frase: Vieja manzana que esperas con tu hoz, confiéreme el valor de crecer en tu conocimiento.

                                                                  Corta la manzana por la mitad horizontalmente, observa la estrella de cinco puntas que hay en su interior, dentro de la que se encuentran sus semillas. Extrae todas las semillas, guárdalas en una bolsita de tela y cuélgala alrededor de tu cuello. Será un talismán que favorecerá tu acercamiento a la magia superior, a las dimensiones sutiles de la existencia y al conocimiento arcano. En realidad, el talismán lo forman tu propia intención, atención plena, voluntad y acción en llevar a cabo estos propósitos, si bien, hasta que estas cualidades queden integradas y profundamente establecidas en ti, si es que aún no lo están, los talismanes externos te ayudarán a recordarlo y a seguir trabajando en ello.

                                                                  Ahora, come una de las dos mitades de la fruta, lo más lentamente que puedas, saboreando cada bocado y sintiendo cómo, al comerla, te va transmitiendo todo su poder, conocimiento y sabiduría. Cierra los ojos mientras lo haces y siéntete ser la manzana misma. Puedes continuar repitiendo la frase mencionada más arriba mientras masticas y te unes a la manzana.

                                                                  Una vez has cerrado los ojos y has empezado a comer la manzana, visualiza o imagina que caminas por un huerto sembrado de manzanos. En la Isla de Avalon hay muchos de ellos, así que puede ser un lugar perfecto para este paseo. En el centro de ese huerto, rodeado por árboles de gran belleza cargados de frutos, se alza un ejemplar muy antiguo, tal vez el manzano más viejo y sabio del lugar. Míralo atentamente y deléitate en contemplar su figura majestuosa, bella y digna a pesar de la edad. Cuando lo observes, te darás cuenta que debajo del árbol, cobijada por su sombra, se encuentra una anciana. Acércate a ella lentamente, salúdala con una reverencia y repite estos dos versos, mientras la miras a los ojos y le envías todo el amor que hay en tu corazón: Anciana mujer que estás llena de sabiduría arcana, proporcióname el poder de crecer en tu conocimiento y transmíteme lo que ahora pueda asimilar de tu legado. Después, presta atención a todo lo que esta mujer sabia te diga y haga, memorízalo para anotarlo al final de la meditación. Cuando haya acabado de hablar, dale las gracias, entrégale un regalo en señal de ofrenda y reconocimiento y, por último, despídete de ella hasta otra ocasión. Despídete también del viejo manzano, preparándote para volver de este viaje que acabas de realizar y despertar en el círculo de protección.

                                                                  Para acabar esta meditación, y antes de recoger el altar, salir del círculo y marcharte, siéntate y relájate durante unos minutos, aprovechando este momento de tranquilidad para dar las gracias a Mabon por su vuelta y por todo lo que has recibido ahora de su energía. Da también las gracias a los cuatro elementos y a sus espíritus elementales, a tus guías, a los Seres de Luz que te han acompañado, a tu Ángel de la Guarda, a la Madre Tierra, al Cosmos y a la Fuente. Acuérdate también de darte las gracias a ti mism@ por lo que acabas de realizar.

                                                                  Cuando hayas terminado y recogido todo, cierra el círculo con el poder de tu intención y envíalo a la Fuente, donde será guardado hasta la próxima vez que necesites abrir uno. Despídete del lugar y guarda en tu corazón todo lo que has vivido durante esta experiencia, sintiendo que Mabon 2020 ya ha entrado en tu ser y ahí va a permanecer hasta la siguiente estación, proporcionándote todo lo necesario para que lo vivas con intensidad y profundidad.

                                                                  Haz varias respiraciones profundas para regresar al estado de consciencia habitual y, si has hecho esta meditación al aire libre, deja alguna ofrenda para los seres elementales. Entierra, en algún punto del lugar en el que te encuentras, la mitad de la manzana que no te has comido. Si la has hecho en tu casa, puedes llevar la ofrenda a cualquier lugar natural que te apetezca, enterrando allí esa parte de la manzana.

                                                                  Anota lo que la anciana del manzano dijo o hizo durante tu visita al huerto de los manzanos.

                                                                  Lleva colgado al cuello, durante un ciclo lunar, el talismán hecho con las semillas de la manzana. Anota en un cuaderno o diario todos los sueños que recuerdes durante ese período de tiempo y registra también todas las sincronías que, a partir de la realización de esta meditación, empieces a encontrar a tu alrededor, relacionados con la transformación de tu vida en aquello que sea necesario y con el desarrollo de tu conocimiento arcano, tu conexión con las dimensiones superiores y tu espiritualidad. Que así sea.

 

 

¡¡¡FELIZ MABON 2020 PARA TOD@S!!!

 

 

María Sánchez-Villacañas de Toro

Psicóloga Colegiada M-02604

 

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© María Sánchez-Villacañas de Toro (21-9-2020)