dedicado a la evolución del alma

LUGHNASADH: FESTIVAL DE LA COSECHA DE GRANOS: 1 DE AGOSTO

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LA SAGRADA RUEDA DEL AÑO DE LA DAMA DE AVALON Y LAS NUEVE MORGENS

 

                                                                  La Sagrada Rueda del Año de la Dama de Avalon y las Nueve Morgens, está dividida en ocho festividades solares, todas ellas relacionadas con el flujo natural de las estaciones y los acontecimientos astronómicos y astrológicos relacionados con ellas. Como es arriba, así es abajo. Como es abajo, así es arriba. Estas celebraciones suelen describirse como los ocho rayos de una rueda, una imagen muy útil para recordarnos el continuo suceder de la vida, el ciclo sin principio ni final que ésta es. Aunque celebremos cada doce meses la marcha de un año y la llegada del siguiente, en realidad, el año ni empieza ni acaba, como la energía, aunque diferentes tradiciones culturales han determinado uno o dos días para llamarlos Año Nuevo. Sin embargo, como el ciclo tiene en cuenta los ritmos de la naturaleza, más que las fechas del calendario gregoriano, los comienzos y los fines de cada año se consideran parte de las festividades y también están vinculados entre sí.

                                                                  Esas festividades, los Ocho Días Sagrados de la Sagrada Rueda del Año de la Diosa y las Nueve Morgens, son una mezcla de acontecimientos solares: solsticios y equinoccios, y festividades del fuego originarias de las culturas celta, británica y nórdica que, si nos vamos más hacia atrás en el tiempo, vemos que se remontan a épocas y pueblos aún más antiguos, como el egipcio, babilónico, mesopotámico, griego... Las cuatro festividades solares tienen lugar durante el día que marca el acontecimiento astronómico y astrológico de que se trate: Yule, el día más breve o solsticio de invierno, generalmente el 20 o 21 de Diciembre; Litha, el día más largo o solsticio de verano: el 20 o 21 de Junio; Oestre, el equinoccio vernal, el 20 o 21 de Marzo y Mabon, el equinoccio de otoño, el 20 o 21 de Septiembre. Y entre estas celebraciones solares, se intercalan otras cuatro festividades del fuego, así llamadas por la costumbre de encender hogueras en esas fechas. Todas ellas suceden a la mitad del equinoccio o solsticio que las precede y así tenemos que Imbolc se celebra a comienzos de Febrero, cuando aparecen los primeros copos de nieve; Beltaine, o Día de Mayo, tiene lugar el 1 de Mayo, o cuando aparece la Flor de Mayo; Lughnasadh, llega a comienzos de Agosto, con la cosecha de granos y Samhain, la fiesta de l@s ancestr@s, se festeja entre el último día Octubre y el primero de Noviembre que, para los pueblos celtas y británicos de la antigüedad, era el primer día del año.

                                                                  En cada una de estas festividades de la sagrada rueda del año de Nolava y las Morgens, podemos encontrarnos con una de las manifestaciones de la Dama de Avalon y con una de las Morgens, puesto que ellas  eran, y siguen siendo, honradas y celebradas en esas fechas.

 

LUGHNASADH: PAN DE MASA: EL FESTIVAL DE LA COSECHA DE GRANOS: 1 DE AGOSTO

                                                                  Lughnasadh es una festividad tradicional de la cosecha, de origen británico y celta, que se celebra el 1 de agosto. Durante la época medieval, esta fiesta era conocida como Gule of August desconociéndose hasta ahora el significado del término gule,  si bien algunas personas sugieren que esta palabra puede ser una anglicanización de gwyl aust, el vocablo galés para el 1 de agosto, cuyo significado literal es  Fiesta de Agosto, proponiéndose un origen pagano y pre-cristiano de Lughnasadh entre los anglosajones y una conexión con el festival gaélico de Lugnasad: Bodas de Lug, un dios celta del Sol. En muchas partes de Inglaterra, los agricultores arrendatarios estaban obligados a presentar el trigo fresco cosechado a sus señores, el primer día de agosto o el día previo, recibiendo por ello ese día el nombre de Fiesta de las primeras frutas.

                                                                  En el día de Lughnasadh, l@s cristian@s británic@s llevaban a la iglesia un pan, preparado con el trigo de la nueva cosecha, colocándolo sobre el altar a modo de ofrenda y agradecimiento por todo lo cosechado, así como también por todas las bendiciones que la Diosa proporcionaría en la siguiente cosecha.

 

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                                                                  Lughnasadh marca, como vemos, el comienzo de la cosecha de granos. Muchas tradiciones se vinculan con esta festividad, en particular las muñecas de maíz: figuras de pajas alusivas a la cosecha y la expulsión de las energías de baja vibración. Durante este período en el que el trigo se separa de la paja, podemos centrarnos en aquellos aspectos de nuestra persona y de nuestra vida que hemos de dejar a un lado, para dejar paso a lo nuevo por llegar, celebrando también nuestra cosecha personal, lograda hasta ese momento y desde la festividad de Lughnasadh del año anterior. Igualmente podemos aprovechar esta fecha de la rueda celta y británica el año para pedir la bendición de una cosecha más próspera y abundante para el futuro, además de agradecer profundamente todo lo ya recibido.

                                                                  Lughnasadh es asimismo un momento excelente para compartir nuestras bendiciones recibidas y para asegurarnos de que la recompensa de la cosecha, nos gratificará por todo el trabajo realizado y nos preparará para una nueva recogida el año próximo. Al contar esta festividad con precedentes y costumbres muy antiguas, nos recuerda que muchas de las ocupaciones e intereses de nuestros ancestros continúan reflejándose en los nuestros de hoy en día.  Es igualmente un momento ideal para recurrir a la prosperidad de la estación, conectar profundamente con ella y escuchar a los espíritus de la tierra, para que nos ayuden a encontrar la mejor manera de conectar con esa prosperidad, atraerla hacia nuestra persona y nuestra vida y manifestarla de manera material.

                                                                  En Lughnasadh, el suroeste de la sagrada rueda de Nolava y las Morgens, nos encontramos con la Gran Madre Nolava, siendo Glitonea la Morgen que corresponde a este lugar y festividad.

 

 

CELEBRACIÓN DE LUGHNASADH, LA FIESTA DE LAS COSECHAS Y DE LA ABUNDANCIA

 

                                                                  Antes de realizar esta ceremonia, nos prepararemos y prepararemos adecuadamente el lugar escogido para llevarla a cabo.     En esta ceremonia estacional para celebrar la festividad de Lughnasadh y honrar con ella a la Gran Madre Nolava y a la Morgen Glitonea, vamos a conectar especialmente con la abundancia, la prosperidad y la fertilidad de la Tierra, que se manifiestan a través de las cosechas y los frutos que durante estos días del verano comienzan a recogerse. Esos frutos cosechados son el resultado de un prologando trabajo, que comenzó con la elección de las semillas más idóneas para ser plantadas y con la preparación de la tierra para albergarlas, continuó con la siembra propiamente dicha y siguió, a lo largo de todo el ciclo, con los cuidados necesarios para que las semillas arraigaran en el suelo fértil de la Madre Tierra y, posteriormente, comenzaran a crecer hasta convertirse en las plantas que, finalmente, darían esos frutos que durante la cosecha se recogen.

                                                                  Más allá de las cosechas de frutos y de grano de la tierra, aunque sin apartarse un solo milímetro de ellas, Lughanasdh tiene que ver con, y nos recuerda, la siembra y la recogida que cada un@ de nosotr@s lleva a cabo a lo largo de todo el año, o a lo largo de un ciclo determinado dentro de él, o incluso en un momento puntual y concreto de nuestra vida. Esa siembra no sólo se refiere a cosas físicas, también puede ser una siembra mental, emocional, espiritual, en las relaciones… y en muchos otros aspectos de la vida humana. Cada siembra tendrá un resultado diferente, aunque el fruto, fuera del ámbito de la alimentación, sea tal vez lo menos importante. Es posible que incluso en ocasiones parezca que las semillas han caído en un terreno baldío y nada se ha obtenido de ellas, sin embargo, el trabajo realizado, todo lo vivido y experimentado mientras se llevaba a cabo, todo lo recordado, entendido, reconocido, reactivado, disfrutado…, es ya un resultado en sí mismo, es ya un fruto recogido, aunque materialmente no se pueda apreciar ni concretar en algo visible. Alguien dijo una vez que lo importante no es la meta, sino el camino y el proceso que nos conduce hasta ella, y yo añado que, incluso si alguna vez perdemos de vista ese punto concreto hacia el que nos dirigimos, ese objetivo que al comienzo del camino nos parecía tan importante, siempre quedará en nuestro granero personal la transformación y la evolución que, gracias a esa búsqueda, conseguimos.

                                                                  Una buena costumbre, que nuestr@s ancestr@s llevaban a cabo, es sintonizarnos con los ciclos naturales de la Tierra y del Cosmos, integrándolos en lo cotidiano y teniéndolos en cuenta como una parte central y esencial de nuestra vida. Realmente lo son. Seamos conscientes de ello o no, todo lo que sucede en el planeta en el que habitamos nos influye, al igual que nosotr@s influimos en él. Todo lo terrestre está también influido por el resto de planetas que hay en el sistema solar en el que la Tierra orbita, por la galaxia en la que dicho sistema solar se encuentra y por todo el espacio cósmico que la rodea y que, lejos de estar vacío de vida, está completamente lleno de ella. Probablemente no una vida como la que hay aquí, en la Tierra, puesto que cada lugar es diferente, pero vida al fin y al cabo, moviéndose con una determinada frecuencia vibratoria y pulsando con una determinada conciencia.

                                                                  Todas las estaciones de la rueda anual de la vida: primavera, verano, otoño e invierno, las festividades intermedias, las lunaciones, los eclipses, las salidas y las puestas del sol…, son acontecimientos que vivimos en la Tierra aunque tienen su origen en el Cielo y en el espacio que hay alrededor del planeta. Como es arriba, así es abajo, reza una de las Leyes de la Creación Universal, de modo que, cuanto más alinead@s y sintonizad@s estemos con todo cuanto nos rodea, más podremos apreciar y utilizar a nuestro favor la energía de cada uno de los momentos en la Tierra y del Cosmos, honrándolos y honrándonos a la vez por ello. Esto nos permitirá, al final de cada uno de los períodos importantes del año, hacer una recapitulación de todo lo sembrado y recogido durante esa época, así como también decidir cuáles son los ajustes oportunos para llegar a la siguiente estación con más conocimiento y certeza de a qué debemos dar prioridad y a qué, en cambio, sería mejor que dejáramos en barbecho durante algún tiempo. Así, al llegar al final de esa rueda anual vital, al terminar el invierno y antes de comenzar la siguiente primavera, tendríamos una muy clara idea de nuestra labor a lo largo de todo el anillo, como llaman los mayas a los años. Haciendo esto año tras año, en cinco años por ejemplo, tendríamos una buena y suculenta lista de las semillas que hemos plantado y de las cosechas que hemos recogido gracias a su crecimiento y fructificación. De muchas de las semillas tal vez no veamos los frutos en la presente vida, si bien sabremos en lo más profundo de nuestro corazón y de nuestra alma, que hemos contribuido con ellas a hacer más próspero y abundante el Granero Universal, siendo esa misma sensación interna una buena recogida.

                                                                  Esto es precisamente lo que haremos con la energía de la festividad de Lughnasadh: hacer un recuento de lo sembrado y de lo recogido hasta ahora desde la festividad de Ludghanasdh del año anterior. Daremos las gracias por todo, incluso por lo que todavía no ha dado frutos, y aceptaremos con amor que tal vez algunas de esas semillas se queden en lo profundo de la tierra, fertilizándola y fortaleciéndola, en vez de materializarse y ser visibles para nosotr@s. 

                                                                  Una labor importante de cualquier cosecha es separar los frutos de los materiales que no servirán para el consumo pero que, de algún modo, se modificarán para que puedan usarse de otra forma o bien para fertilizar la tierra de nuevo de cara a la siguiente siembra. Igualmente vamos a realizar esta labor ahora, separando el trigo y la paja de nuestra propia persona y de nuestra propia vida, para saber qué hemos de dejar a un lado, porque ya no tiene una función evolutiva en el trayecto del viaje en el que nos encontramos ahora, pero que sí podemos usar como fertilizante para las nuevas semillas que vamos a plantar y que, en el momento oportuno, darán paso a lo nuevo que está por llegar.

                                                                  Esta separación del trigo y de la paja, literal y metafórica, nos proporcionará una visión más equilibrada de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser, de lo que queremos dejar marchar y de lo que nos gustaría ver a nuestro alrededor, aplicándola tanto a actitudes, formas de pensar, ideas, conductas, relaciones, objetivos, proyectos…, como a cambios que queramos realizar en nuestra personalidad o en nuestro interior. Al fin y al cabo, todo lo exterior comienza siempre en el interior, de modo que para ver y vivir cosas nuevas, primero hemos de preparar nuestra tierra interior, favoreciendo así el crecimiento de las nuevas semillas que plantemos en ese interior y que sin duda darán frutos en el exterior.

                                                                  También vamos a celebrar en esta ceremonia todas las bendiciones que hemos recibido desde la festividad de Lughnasadh anterior, materiales y no materiales, sintiéndonos gratificad@s por ellas y apreciando la recompensa que suponen para nuestro trabajo interno y externo, así como también todo lo aprendido, disfrutado, transmutado, modificado, elevado nuestra vibración y nuestra conciencia, amado, comprendido... a lo largo y ancho de todo el tiempo transcurrido hasta ahora, que nos encontramos en esta maravillosa, sagrada y mágica tierra de Avalon, donde las festividades que nuestr@s ancestr@s celebraban han sido conservadas para que nosotr@s podamos seguir disfrutándolas en este lugar que nos aparta del mundo cotidiano y nos lleva a ese espacio donde todo es posible y donde permanentemente residen el Amor, la Sabiduría, el Poder Interior, la Inteligencia, la Paz, la Luz y todas las demás cualidades de más elevada vibración y conciencia.

                                                                  Esta festividad de Lughanasdh es, igualmente, un momento ideal para recurrir a la prosperidad de la estación veraniega, con su luz y su calor, conectar profundamente con ella y escuchar a los espíritus de la naturaleza, para que nos ayuden a encontrar la mejor manera de hacer esa re-conexión y, después, materializarla en nuestra vida. Digo re-conexión porque la prosperidad y la abundancia de la Madre Tierra, también del Cosmos, siempre están ahí y no son otras que nuestras propias prosperidad y abundancia material naturales, esas que nos corresponden como chispas divinas que somos y que hemos venido a encarnar y materializar aquí, en este plano terrestre, mientras viajamos y avanzamos por la Vida en esta ocasión. De modo que, como ya están ahí, desde siempre y para siempre, sólo es necesario ser conscientes de que hemos de recuperar nuestra conexión con ellas o, si ya está activada, tendremos entonces que fortalecerla. No hay que ir a buscar lo próspero a algún lugar lejano, ni tenemos que pedirlo como si dependiera de esa petición que nos fuera concedido. Sólo tenemos que aceptar que ya está ahí, dentro y fuera de nosotras, especialmente dentro, porque más que una conducta es una actitud ante la vida, un punto de vista que nos ayuda a ver la abundancia por dondequiera que vamos, incluso si lo que vemos o sentimos es carencia, porque en el jardín de nuestra alma, la vida siempre florece y se muestra en todo su esplendor. Si creemos que no lo hace, lo que sucede en realidad es que no podemos verlo porque hemos cerrado la puerta a ese jardín, creyendo que las flores estarían sólo en el exterior y nunca dentro de nosotras mismas. Para modificar esto, vamos a abrir ahora de par en par nuestro huerto interior, nuestra parcela, admirando y agradeciendo su exuberancia, y dándonos las gracias a nosotras mismas por haberla hecho posible. Ahí, en ese jardín interior próspero y abundante, en ese huerto plagado de los más espléndidos frutos, está nuestra grandeza, esa chispa divina que somos y que espera pacientemente nuestra decisión de aceptarla, amarla y honrarla. Ella es la llave que nos abrirá las puertas del Paraíso, las puertas de nuestro verdadero Hogar, para que lo disfrutemos y compartamos aquí en la Tierra, mientras estamos encarnad@s en la presente experiencia de vida.

                                                                  A continuación, dedicaremos un tiempo individual para hacer esta reconexión con las energías y las bendiciones de Lughnasadh, de la Gran Madre Nolava y de la Morgen Glitonea. Para ello, podemos visualizar varias imágenes como símbolo de esta festividad. Por ejemplo: un cuerno de la abundancia, campos de cultivo florecientes, y llenos de frutos para toda la humanidad, mostrándose en toda su belleza y gama de colores, fragancias, formas… Podemos también imaginar o visualizar un gran sol central, en lo más alto de un cielo azul, repartiendo vida, luz y calor allí donde sus rayos se depositan, permitiendo que todo se nutra, florezca y fructifique con ellos. Otra asociación es visualizar un hombre o una mujer completamente dorad@, con vestidos de este mismo color, con una inmensa cesta en su lado izquierdo del cuerpo y repartiendo con su mano derecha los frutos y las bendiciones que lleva en ella. Las imágenes pueden ser muy variadas y para cada un@ de nosotr@s la energía de Lughnasadh, la Gran Madre Nolava y Glitonea, se presentarán de una manera diferente. Dejemos a nuestra intuición y a nuestro Ser Superior, también a Ellas, que nos muestran la manera más idónea de sentir y experimentar este momento del año que, de un modo u otro, nos colmará de bendiciones y nos ayudará a apreciar todo lo cosechado en nuestra persona y nuestra vida desde la misma festividad del año anterior, dondequiera que estuviéramos entonces.

                                                                  Tiempo para la visualización (De 30 a 45 minutos).

                                                                  Ahora, antes de terminar este trabajo de conexión con la energía de Lughnasadh, la Gran Madre Nolava y la Morgen Glitonea, daremos de nuevo las gracias por haberse presentado ante nosotr@s y habernos bendecido con sus dones, por todo lo recibido, por nuestra presencia aquí, en estas tierras sagradas y mágicas, por todas las personas que hay en nuestra vida y por todo lo que, de hoy en adelante y después de este viaje, vamos a sembrar, repartir, proyectar, recordar, elevar nuestra vibración y nuestra conciencia… Damos también las gracias a los seres elementales presentes en estos campos, a nuestros guías, ángeles y demás seres de luz, sabiduría, alegría y amor que siempre nos acompañan, a la Madre Tierra, al Padre Cosmos, a la Diosa, al Dios y a nosotr@s mism@s, por haber realizado esta celebración. ¡Bendiciones de Lughnasadh para tod@s y que todos los seres sean felices siempre!

 

 

 

María Sánchez-Villacañas de Toro

 

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© Teto e imagen: María Sánchez-Villacañas de Toro (30-VII-2018). Todos los derechos reservados