dedicado a la evolución del alma

COMPOSICIONES SIMBÓLICAS

AVALON PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

Escuela para la Evolución del Alma

 

COMPOSICIONES SIMBÓLICAS

 

                                            Una composición simbólica es un conjunto de símbolos agrupados en un todo, que tiene varios objetivos, todos ellos centrados en el autoconocimiento, la sanación, el desarrollo personal y la evolución espiritual, aspectos importantes que también son propósitos en sí mismos.  

                                                                  Las composiciones simbólicas son únicas y exclusivas para cada persona y,  a diferencia de un mandala, que habitualmente consta de una sola  imagen ampliamente desarrollada, pueden estar formadas por múltiples y diversas imágenes, conocidas o no de antemano y que, al comenzar a trabajar con ellas, la interesada o el interesado se da cuenta de que comienzan a ser muy significativas, con frecuencia sin saber al principio cómo ni por qué, pero que, poco a poco, a medida que profundiza en su relación con ellas, empieza a notar que, de alguna manera, son llaves que abren las puertas de su subconsciente, permitiendo que salga de él una gran parte del material que, hasta entonces, había permanecido oculto, ignoto, inexplorado y, por consiguiente, desconocido.

                                                                  Las imágenes, los símbolos, las emociones, los colores y todo aquello que no se expresa a través de las palabras ni del intelecto, sino por otros caminos, son el lenguaje preferido tanto del subconsciente como del inconsciente, con los que el lenguaje de las palabras tiene poco o nada que hacer. Eso que habitualmente llamamos sueños, y que yo bauticé hace tiempo con el nombre de experiencias nocturnas en las dimensiones sutiles de la existencia, tienen en los símbolos, las imágenes y demás expresiones carentes de palabras su forma preferida de expresión y comunicación. Una comunicación, bien es verdad, que muchas veces la mente racional no entiende y quiere explicar con sus parámetros, con los paradigmas del hemisferio izquierdo del cerebro, ese que precisamente rige todo lo intelectual, lógico, medible, etc. Empeñándonos en buscar esa explicación racional, perdemos de vista que también hay un hemisferio derecho en nuestro cerebro, encargado de la creatividad, las emociones, el arte, los símbolos, las imágenes, la intuición y todo cuanto no requiere del lenguaje verbal para abrirse camino y expresarse en el mundo.

                                                                  Cuando el lenguaje verbal todavía no había sido inventado, los seres humanos utilizábamos los símbolos, los gestos, las representaciones para comunicarnos entre nosotros. Posteriormente, a medida que las palabras, el lenguaje y la escritura iban ganando terreno y contribuyendo con ello a un mayor desarrollo del hemisferio izquierdo que del derecho, toda la imaginería que durante siglos había servido como medio de comunicación y de transmisión de enseñanzas comenzó a decaer en importancia hasta casi desaparecer, aunque no desapareció del todo, sólo quedó oculta, como tantos otros saberes, detrás del velo de la razón, la lógica y lo mental.

                                                                  El tarot, la astrología, la cábala, la alquimia, para mí los cuatro grandes saberes, las cuatro ciencias madre de las que surgieron todas las demás, fueron y son un magnífico ejemplo de la importancia que los símbolos, las imágenes, las representaciones y las metáforas han tenido, siguen teniendo y siempre tendrán, para los seres humanos de todas las épocas. Buena prueba de ello son la gran cantidad de personas que, con independencia de su edad, profesión, género y origen, siguen dejándose envolver durante toda su vida por los mitos, los cuentos, las leyendas, las historias sobrenaturales…, todos ellos plagados de exuberante simbología y de mensajes ocultos entre líneas que, aun sin poder a veces encontrarlos, nos sentimos profundamente conectad@s con ellos y sabemos, de algún modo, que tienen que ver con nosotr@s, con nuestras experiencias, con nuestra vida, suscitando por ello profundas sensaciones y emociones que nos llevan más allá de nuestra realidad presente y nos introducen en un mundo en el que todo es posible y en el que los deseos, la mayor parte de las veces, se cumplen.

                                                                  Ese mundo en verdad existe, está dentro de nuestro corazón y de nuestra mente, oculto por capas y capas de racionalidad, de lógica, de razón, olvidado a medida que dejábamos atrás la infancia y nos convertíamos en las personas adultas que hoy somos. Pero como sólo está oculto, y no desaparecido por completo, podemos llegar a él a través de las composiciones simbólicas que, entre otras muchas cosas, volverán a conectarnos con nuestra niña o nuestro niño interior, esa o ese que tiene guardado entre sus manos nuestro don, nuestro talento más precioso y preciado, nuestra forma única de estar en el mundo y de ser completamente felices, llen@s de amor, plen@s, prósper@s, exitos@s y materialmente abundantes en él.

 

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                                             Son muchos los símbolos y las imágenes con los que puede crearse una composición simbólica. Hay, básicamente, dos tipos de estas combinaciones: general y personalizada o individual. El primer tipo, como su nombre indica, puede ser trabajado por distintas personas, mientras que el segundo está diseñado en exclusiva para la interesada o el interesado, teniendo en cuenta tanto su edad como el momento evolutivo en que se encuentra, así como también, sobre todo, si lo que busca y quiere de la composición simbólica es que le ayude a resolver algún problema, conocerse y conocer sus posibilidades y talentos, sanar algún aspecto de su personalidad o de su vida, desarrollar facultades, encontrar un modo sano de expresar y canalizar sus emociones o cualquier otro motivo que proporcione a la persona un mayor bienestar en todos los sentidos de la palabra: físico, mental, emocional, energético, espiritual y en las relaciones. La importancia que tiene el arte, en todas y cada una de sus expresiones, en la mejora de la salud y de la calidad de vida, es ya algo tan reconocido que sería difícil ignorar u olvidar. Los seres humanos hemos hecho arte desde los tiempos de las cavernas, y seguimos haciéndolo ahora, a pesar del continuo avance de la tecnología y de la ciencia racional, así que algo tendrá la expresión artística cuando ha perdurado a lo largo de los siglos. Y si lo ha hecho, ¿por qué no usarla para conocernos más profundamente y sacar del baúl de los recuerdos todos aquellos talentos que nunca hemos usado ni expresado, todas aquellas posibilidades para sanar nuestra vida y llevarla, cada vez, hacia un escalón más alto de nuestra evolución, contribuyendo con ello a que nuestra parcela terrena sea cada vez más hermosa? 

                                                       Para hacer una composición simbólica personalizada, una vez conocido el objetivo que la persona busca de ella y en qué le puede asistir y ayudar, elijo qué símbolos serán los más adecuados para lograr esos propósitos, teniendo siempre en cuenta su edad, sus gustos, su motivación… Los materiales que utilizo son muy diversos y también están relacionados con sus características y necesidades particulares como, por ejemplo, tarots y oráculos, símbolos astrológicos, cabalísticos y alquímicos, diosas y dioses de distintas culturas, arquetipos, flores, naturaleza, geometría sagrada y muchos otros que, a medida que yo misma profundizo en mi interior me van saliendo al encuentro.

                                                                  Una vez elegido el material que voy a utilizar para realizar la composición simbólica, lo coloco en ella, teniendo siempre presente a qué objetivos va dirigida, siendo el autoconocimiento, la sanación, la transformación y la evolución, como dije al principio,  algunos de los más importantes y que, sean cuales sean las metas de la persona, siempre se cumplirán por añadidura. La composición simbólica queda hecha en blanco y negro, para que así sea la interesada misma, o el interesado, quien la coloree a su gusto y según lo que en cada momento en que lo haga necesite, ya que la energía y la influencia de los colores es también un aspecto muy importante en este tipo de trabajo. De hecho, mi recomendación siempre es que haga ese trabajo de coloreo muchas veces, observando la evolución interna que se produce a medida que se hace y también, como no podría ser de otro modo, los cambios externos que este trabajo irá trayendo consigo. Una vez que la composición ha sido pintada en su totalidad, podrá también darle otras muchas aplicaciones, alimentando así de manera continua los beneficios de esta herramienta.

                                                                  Si quieres que los símbolos te ayuden a conocer el talento que hay en ti, a desarrollar tu creatividad, a mejorar la atención y la concentración, a abrir la puerta de tu subconsciente y llevar luz a la oscuridad, canalizar y expresar con arte tus sentimientos y emociones, sanar tu estima o, simplemente, disfrutar como lo hacías cuando eras una niña, un niño, y jugabas a aquello que más feliz te hacía, una composición simbólica será una alternativa nueva y diferente para ti. Abajo tienes mis datos de contacto para ponerte en comunicación conmigo y solicitar la tuya.

                                                                  Sat Nam y Namasté.

 

María Sánchez-Villacañas de Toro

 

Psicóloga clínica, energética y espiritual

Astróloga. Kabalista. Formadora. Escritora

Sanadora Psicoespiritual por Arquetipos

Lectora de Registros Akáshicos

Lectora y creadora de Oráculos

Sacerdotisa de la Luna, de la Diosa y de Avalon

Diseñadora de Mandalas y Combinaciones Simbólicas

Guía de viajes sagrados y conscientes

 

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© Copyright texto e imagen: María Sánchez-Villacañas de Toro (13-III-2018)